El sobrino de Rameau

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«Con bastante frecuencia el mundo ha sido comparado al teatro, del mismo modo que muchos serios escritores, y también poetas, han comparado la vida humana a un drama intenso. De tal forma se ha extendido esta idea, que ciertas palabras propias del teatro, y que antes se usaban en metáfora en la vida real, actualmente se utilizan indistintamente en ambas manifestaciones. Por lo tanto, teatro y escena son expresiones tan generalizadas, que lo mismo las usamos en la vida común que cuando nos ceñimos únicamente a las representaciones teatrales. Algunos han considerado a la mayoría de los seres humanos desde el punto de vista de los actores, como representando caracteres distintos de los suyos.»

Henry Fielding,Tom Jones

«¿En qué consiste el talento del comediante? Es el arte de fingir, de revestirse de un carácter distinto al suyo, de parecer diferente de cómo se es, de apasionarse a sangre fría, de decir algo distinto de lo que se piensa con tanta naturalidad como si se pensara de verdad y, en fin, de olvidar su propio lugar a fuerza de ocupar el de otros.(…) ¿Qué profesión es la del comediante? Es un oficio en el que el comediante se da en la representación por dinero, se somete a las ignominias y las afrentas cuyo derecho a hacerle se compra, y pone públicamente en venta su persona.»

Rousseau, Carta a D’Alembert.

«Una vez estaba yo allí, mirando mucho, hablando poco, escuchando lo menos que podía, cuando fui abordado por uno de los personajes más raros de este país, al cual Dios ha dotado de bastantes extravagantes. Era un compuesto de altivez, bajeza, buen sentido y sinrazón.»

«¡Hacerse una máscara que se le parezca! Esa máscara, sobre todo, me trastorna… ¡La máscara, la máscara! Daría uno de mis dedos por haber encontrado la máscara.»

«En lo que me decía había muchas cosas que se piensan, a las cuales uno ajusta su conducta; pero que no se dicen. Esa es la diferencia más marcada entre mi hombre y la mayoría de los que nos rodean. Confesaba sus vicios, que los demás también tienen; pero él no era hipócrita. No era ni más ni menos abominable que los otros; era, simplemente, más franco, más consecuente; y a veces más profundo en su depravación.»

«Soy un ignorante, un loco, un perezoso, un impertinente… cada uno de esos epítetos me valía una sonrisa, una caricia, una patada, en la mesa una buena tajada, fuera de la mesa una libertad que yo me tomaba sin mayores consecuencias, porque yo soy un inconsecuente»

«No existe nadie tan desemejante a él como él mismo»

«Todo lo que sé es que a mí me gustaría en el fondo ser otro, para ver si me tocaba por casualidad ser un genio, un gran hombre»

«¡Que el diablo me lleve si se quién soy en realidad!»

«Cada cual tiene [su dignidad]; acepto olvidar la mía, pero voluntariamente, no por orden de otro. Sólo porque se me diga “arrástrate”, ¿estoy obligado a arrastrarme? Es la andadura del gusano y también la mía; la seguimos ambos cuando nos dejan en paz, pero nos erguimos cuando nos pisan la cola.»

Diderot, El sobrino de Rameau

«Excéntrico, si no loco, muestra lo otro de la razón; extraño a las convenciones, se desacredita para ponernos frente a frente con nuestra inconfesable alteridad.»

Julia Kristeva, Extraños a nosotros mismos

«Según Hegel, el otro es objeto y yo me capto como objeto en el otro. Pero una de estas afirmaciones destruye la otra: para que yo pudiera aparecerme como objeto en el otro, sería menester que captara al otro en tanto que sujeto, es decir, que lo aprehendiera en su interioridad… capto que el objeto-otro se refiere a mí por intenciones y actos, pero, por el hecho mismo de ser objeto, el espejo-prójimo se oscurece y no refleja ya nada.»

Sartre, El ser y la nada

Textos para sesión 7: Tricksters y aventureros en los confines de la Ilustración

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«El hombre razonable se adapta al mundo; el insensato persiste en tratar de que el mundo se adapte a él. Por tanto, todo progreso depende del hombre insensato.»

Bernard Shaw, The Revolutionist Handbook.

«Apenas se escucha esto de una corte y ¡zas!, aparecen de inmediato los aventureros, ocultos tras centenares de máscaras y disfraces; nadie sabe de qué rincón o madriguera han salido. Pero lo cierto es que llegan de la noche a la mañana, con una carroza de viaje o algún carruaje inglés; llegan y alquilan, sin reparar en gastos, la habitación frontal más noble en la hostería más elegante. Llevan fantásticos uniformes de algún ejército indostaní o mongol y usan nombres pomposos que, en realidad, son como pierre de strass, piedras preciosas tan falsas como las hebillas de sus zapatos. Hablan todos los idiomas, dicen conocer a todos los príncipes y personas importantes, han servido, al parecer, en todos los ejércitos y han estudiado en todas las universidades. Traen los bolsillos repletos de proyectos, sus bocas prometen a lo grande, planean crear loterías o establecer impuestos adicionales, alianzas de Estado y fábricas; ofrecen mujeres, condecoraciones y eunucos, y aunque no tienen ni diez monedas de oro en el bolsillo, les susurran a todos que conocen el secreto de la tinctura auri. Embaucan a los supersticiosos con horóscopos; a los crédulos, con proyectos; a los jugadores, con cartas marcadas; y a los ingenuos, con su distinción mundana. Todo ello va envuelto en el rumoroso e invisible nimbo del exotismo y del misterio, algo irreconocible, y por eso mismo, doblemente interesante. Refulgiendo de repente como fuegos fatuos, conduciendo hacia el peligro, titilan y vibran en el aire enrarecido y salobre de los pantanales cortesanos, llegando y desapareciendo en una fantasmal danza de embustes.»

Stephan Zweig, Tres poetas de sus vidas. Casanova, Sthendal, Tolstói

«Heme, pues, en Roma, bien vestido, bastante bien provisto de dinero, con algunas joyas, cierta experiencia, buenas cartas de recomendación, totalmente libre y en una edad en la que el hombre puede contar con la fortuna si tiene un poco de coraje y un aspecto que disponga en su favor a las gente a la que se acerca. No es la belleza, sino algo que vale más, lo que yo tenía, y que no sé qué es. Me sentía capaz de todo. Sabía que Roma era la única ciudad donde un hombre, partiendo de la nada, había subido con frecuencia a lo más alto; y no es sorprendente que me creyese en posesión de todas las cualidades requeridas; mi dinero era un desenfrenado sentido del amor propio del que la falta de experiencia me impedía desconfiar.»

«La comida que más me divirtió fue la que la marquesa ofreció a Mme. de Gergy, que llegó acompañada de un famoso aventurero, el conde de Saint-Germain. En lugar de comer, este hombre habló de principio a fin de la comida; y le escuché con la mayor atención, porque nadie hablaba mejor que él. Se las daba de maravilloso en todo, quería asombrar y lo conseguía realmente. Su tono, autoritario, no desagradaba sin embargo, porque era culto, hablaba bien todas las lenguas y era gran músico, gran alquimista. De aspecto agradable, sabía conquistar a las mujeres, porque al mismo tiempo que les daba cosméticos que embellecían su piel, las halagaba con la promesa de conservarlas en el estado en que las encontraba mediante un agua que les regalaba a pesar de que le costaba mucho dinero. Este hombre extravagante, que parecía haber nacido para ser el más desvergonzado de todos los impostores, sostenía impunemente, y como algo natural, que tenía trescientos años, que poseía la medicina universal, que hacía cuanto quería de la naturaleza, que fundía los diamantes y que hacía uno grande de diez o doce pequeños de agua purísima sin que disminuyera su peso. Para él eso eran bagatelas. A pesar de sus fanfarronadas, sus disparates y sus evidentes mentiras, no conseguí encontrarlo insolente, pero tampoco respetable; me pareció sorprendente a pesar mío, porque me maravilló.»

Casanova, Historia de mi vida

 

Textos para sesión 6: Cortesía y disciplina: la metafísica del agrado

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«Así, nuestro cortesano, además del linaje, quiero que tenga […] buen ingenio y sea gentil hombre de rostro y buena disposición de cuerpo, y alcance una buena gracia en su gesto y –como si dijéramos- un buen sango que le haga luego a la primera vista parecer bien y ser de todos amado. […] Huir cuanto sea posible el vicio que de los latinos es llamado afetación […] usando en cada cosa un cierto desprecio o descuido, con el cual se encubra el arte y se muestre que todo lo que hace y dice, se viene hecho de suyo sin fatiga y casi sin habello pensado.»

Castiglione, El cortesano

« Han de ser pues los vestidos muy asentados, y que vengan bien a las personas, porque los que tienen vestiduras ricas, y nobles (pero mal entalladas y sin asco) no parecen ser hecha a sus cuerpos, y dan a entender una de dos cosas, o que los tales no tengan ningún cuidado de sí, o que no conozcan lo que pueda ser gracia, ni mesura ni cumplimiento alguno con las gentes.»

Giovanni della Casa, El cortesano

«La mayor parte de los hombres son como gatos que acechan a los ratones; y el mejor hombre en apariencia, tendrá que mantener la guardia perpetua para espiar si algún otro tropieza, no para advertirle caritativamente, sino para perderle. Y para hacer gala de una impiedad aún mayor, se obliga inicuamente a los otros, y se les incita a denunciar cualquier asunto sucio de su prójimo, a fin de agobiarle, para engordar a sus expensas, si está en condiciones de pagar a los obreros. Así muchos son ricos a costa del sufrimiento de otros, cuyas faltas no son disminuidas ni se les ocultan o presentan a favor suyo, sino que se multiplican con abundancia.»

François de Béroalde de Verville, Le Moyen de parvenir

«Pero como supone muy poco agradar solamente con estas hermosas apariencias si no logramos al mismo tiempo la dicha de insinuarnos por otro modo en la voluntad de aquellos con quien tratamos; no es por consecuencia este encanto exterior el que debemos solamente solicitar, como principio de la verdadera Politica: debemos aspirar a otras cosas mas sólidas, que manifiesten la bondad de nuestras calidades interiores mejor que el hermoso exterior inconstante.»

«Por lo tocante à las Damas, conviene saber, que (…) tambien es descortesía tener la mascara puesta al saludar a alguno, salvo que fuese de lejos; y aun en tal caso, se quita para las Personas Reales.»

«Es necesario observar tambien, que si se halla entre Mascaras, es una descortesía hacer quitarsela á alguno, si él no quiere, y asimismo llevar la mano sobre ella; al contrario, está obligado á hacer aún mas urbanidad a los Mascaras que a los demás; porque muchas veces debajo de la mascara se hallan personas, a quienes no solamente deberíamos urbanidad, sino tambien respeto.»

« El hombre serio por afectación, no tiene mas que acordarse de esta máxima; que querer esconder su ignorancia debajo de estas apariencias estudiadas, es, al contrario, manifestarla. […] La palabra misma de continencia lo exprime enteramente, porque viniendo de la palabra contener, una persona no se reputa que tiene continencia, sino porque contiene, ó reprime en primer lugar sus passiones, y despues sus miembros, ó sus acciones, su lengua, ó sus palabras en los limites donde todas las cosas deben estar, para corresponder à estas circunstancias.

« Los que juegan con el abanico, o la caña, ó que tienen tales modos fuera de tiempo, son gente que duermen con los ojos abiertos; esto es, que tienen el entendimiento distraído. No tienen más que recogerse en sí mismos, desterrar la idéa, ó la pasion que les distrae, y serán atentos.

«Y para comprehender todas estas reglas debajo de una sola la unica via es, nunca desordenarse. Y esto se consigue conteniendose en sí mismo, y veis aquí cómo: es necessario inmediatamente mirar con los ojos de la imaginacion la persona à quien tenemos que hablar, considerar la cosa de que se trata; y finalmente para decirlo de una vez, el lugar, y el tiempo donde se halla. »

François de Callières, La urbanidad y cortesía universal

«El deseo de brillar está sujeto a arrojarnos en la afectación, en la que caemos de dos maneras; una es forzando nuestro natural, y la otra imitando el de otro. […] La afectación que tiene su origen en nosotros mismos es un cierto apresuramiento que se marca en la actitud, en la manera de caminar, de reír, de hablar; es una aplicación seria y premeditada en hacer, con distinción, las cosas más nimias, por la persuasión, que es el arte de convertirlas en otras tantas gracias que serán notadas y aplaudidas.»

«El deseo de brillar está sujeto a arrojarnos en la afectación, en la que caemos de dos maneras; una es forzando nuestro natural, y la otra imitando el de otro. […] La afectación que tiene su origen en nosotros mismos es un cierto apresuramiento que se marca en la actitud, en la manera de caminar, de reír, de hablar; es una aplicación seria y premeditada en hacer, con distinción, las cosas más nimias, por la persuasión, que es el arte de convertirlas en otras tantas gracias que serán notadas y aplaudidas.»

«Generalmente, al hablar y actuar, adoptamos determinadas posturas del cuerpo, determinadas expresiones del rostro, del gesto, de la voz, que en cada país, a mi parecer, se acostumbra a considerar adecuadas para exteriorizar un determinado pensamiento, y saber hacer la elección más adecuada entre esas acciones, consideradas de lo más naturales, es lo que confiere el llamado air d’education, air du monde, en una palabra, todo aquello que recibe aprobación y aplauso de nuestra imagen externa, independientemente de lo regular o no de nuestros rasgos.»

François-Augustin de Paradis de Moncrif,

Essai sur la necessité et les moyens de plaire

«Recuerda que me enteraré con pelos y señales de todo cuanto digas y hagas en París, exactamente como si por arte de magia pudiera volverme invisible y seguirte a todas partes, como un elfo o un gnomo” y “… has de saber, en efecto, que seré minuciosamente informado de cada uno de tus actos, y prácticamente de cada una de tus palabras»

«Espero que tú seas du bois dont on en fait [de buena pasta]; si es así, encontrarás en ella a una escultora excelente, que sabrá moldearte como mejor le guste. La versatilidad de comportamiento es tan necesaria en la vida social como lo es en política la flexibilidad. Hay que ceder para imponerse, humillarse para ser exaltado; es preciso, como San Pablo, hacerse siervo de todos para ganarse a algunos…»

«Espero que tus clases con Marcel avancen según lo deseado. Te ruego que las sigas, porque, aunque puedan parecer ridículas, son realmente importantes. Ruégale en particular a tu profesor que cuide el capítulo relativo al modo de utilizar los brazos. La distinción o no de una persona se juzga, efectivamente, más por ellos que por cualquier otra parte del cuerpo. Basta con la simple torsión o rigidez de una muñeca para que alguien pase por falto de elegancia. Otro aspecto que conviene cuidar es la forma de entrar en una estancia o de presentarse a quien se encuentra en ella. La que cuenta es la primera impresión, en parte porque es a menudo la que queda»

«En la vida de mundo hay que tener a menudo las dotes del camaleón; es más, a veces conviene acentuarlas y servirse de ellas con la máxima presteza, adoptando, dentro de ciertos límites, el color del hombre o de la mujer con el que se quiere y desea congraciarse.»

Lord Chesterfield, Cartas a su hijo

 

TEXTOS PARA SESIÓN 4: HABITAR LA CULTURA. LA MODA Y LOS ESPACIOS DE SOCIALIZACIÓN.

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«La cultura es la trama de significados en función de la cual los seres humanos interpretan su existencia y experiencia, así mismo como conducen sus acciones; la estructura social es la forma que asume la acción, la red de relaciones sociales realmente existentes. La cultura y la sociedad no son sino diferentes abstracciones de los mismos fenómenos»

Clifford Geertz

 

«Es de admirar como de todas nuestras investigaciones falsas sobre los más diversos aspectos, una de las más notables es lo que entendemos por civilización. Si preguntamos a la mayor parte de la gente en qué consiste, según ella, la civilización se nos respondería que la civilización de un pueblo es la suavización de sus costumbres, la urbanidad, la educación y el amplio conocimiento de los buenos modales, el respeto generalizado de las normas de conveniencia; todo ello no nos muestra más que la máscara de la virtud y no su rostro; y la civilización no hará nada por la sociedad si no le da el fondo y la forma de la virtud.»

Victor Riquetti, marqués de Mirabeau, El amigo de los hombres o Tratado sobre la población (1756)

 

«El código de la vestimenta fragmenta el mundo en unidades semánticas de las que la retórica se apoderará para vestirlas ordenarlas y construir a partir de ellas una verdadera visión del mundo: noche, fin de semana, paseo, primavera (…) Esta construcción retórica del mundo, que podríamos comparar a una auténtica cosmogonía se realiza mediante la metáfora (…) La metáfora mundana tiene por papel ordinario transformar una unidad semántica usual (conceptual) en contingencia aparentemente original.»

R.Barthes, El sistema de la moda

 

«Las cosas que antes se hacían ya no se hacen

y cada día se inventan cosas nuevas.

Muchas no arraigan

Sino que son cambiantes y a menudo se transforman en cosas del hombre

Las cosas antaño permitidas están hoy prohibidas

Y después de esto se verá cómo se imponen las cosas

a las que los hombres no conceden ningún valor.»

Caxton, Book of Curtesye, s. XV

 

«Me parece que sólo se debería admirar la inconstancia y la levedad de los hombres, que vinculan sucesivamente las gracias y el buen tono a cosas completamente opuestas, que emplean para lo cómico y la mascarada lo mismo que les ha servido para darse una apariencia grave y los ornamentos más serios, y que sea tan poco el tiempo que marca la diferencia. […] Los colores están preparados y la tela lista; pero ¿cómo fijar a este hombre inquieto, ligero, inconstante, que cambia mil veces de figura? Lo pinto devoto y pienso haberlo captado, pero se me escapa, y ya es libertino. Si al menos permaneciera en esta mala situación, yo sabría captarlo en ese momento de desajuste del corazón y el espíritu donde resultaría reconocible; pero la moda urge: ya es devoto otra vez.»

La Bruyère, Los Caracteres.

«La prenda cotidiana siempre es algo más que una concha, es un aspecto íntimo de la experiencia y la presentación de la identidad y está tan estrechamente vinculada con la identidad de estos tres –prenda, cuerpo, identidad- que no se perciben por separado, sino simultáneamente, como una totalidad.»

J. Entwistle, El cuerpo y la moda, una visión sociológica (2002)

 

«¿Por qué no habré guardado mi vieja bata? Estaba hecha para mí; y yo para ella. Se amoldaba a todos los pliegues de mi cuerpo sin incomodarlo; me sentaba bien, me hacía pintoresco y hermoso. La otra, rígida, almidonada, me convierte en un maniquí (…) En ella se veían, trazadas con largas líneas negras, los servicios que me había rendido. Estas largas líneas anunciaban al literato, al escritor, al hombre que trabaja. Ahora, parezco un rico desocupado; ya no se sabe quien soy yo.»

Diderot,

Regrets sur ma vieille robe de chambre.

 

«Ninguno ha definido mejor París que el amable viajero inglés, Mr. Sherlock, diciendo que es indefinible; que es el compendio del Universo ; una ciudad vasta e informe llena de maravillas, de virtudes, de vicios y de ridiculeces: él la toma colectivamente con sus habitaciones, y bajo todas las acepciones, física, moral, política y civil; mas lo cierto es, que registrando a París materialmente como Ciudad, prescindiendo del pueblo, y con respeto a sola su construcción, no se puede decir que es una ciudad hermosa. Es una ciudad enorme, respetuosa por su inmensidad; tiene la majestad del Caos; es una mezcla monstruosa de bellezas sublimes, y de defectos que dan en el rostro.»

Crítica de Paris … (anon. 1708)

 

Literatura secundaria:

Sociología

Bourdieu, P. (2016). La distinción: criterio y bases sociales del gusto. Taurus.

Elias, Norbert. El proceso de la civilización: investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas. Fondo de Cultura Económica, 2015.

Elias, N. (1982). La sociedad cortesana (p. 140). México: Fondo de Cultura Económica.

Geertz, Clifford, Reflexiones antropológicas sobre temas filosóficos, Barcelona, Paidós, 2002

Geertz, Clifford James, “Thick description: Toward an interpretive theory of culture” en Readings in the philosophy of social science, 1994, pp. 213-231.

Sobre la Moda

J. Entwistle, El cuerpo y la moda, una visión sociológica. Barcelona: Paidós, 2002

D. Roche, La culture des apparences. Une histoire du vêtement XVIIe-XVIIIe siècle, Paris, Fayard, 1989.

J. Laver, Breve historia del traje y la moda, cátedra, 2008.

F.Boucher  (1967). Historia del traje en Occidente desde la antigüedad hasta nuestros días. Barcelona: Montaner y Simón.

R. Barthes. Sistema de la moda. Editorial Gustavo Gili, 1978.

 

Sobre el espacio

Sennett, Richard, Carne y Piedra (1994), Madrid, Alianza, 2007.

Fargue, Arlette, Vivre dans la rue à Paris au XVIIIéme siècle (1979), Paris, Gallimard, 1992

J. Seoane Pinilla, La política moral del Rococó. Arte y cultura en los orígenes del mundo moderno, Madrid, La balsa de la Medusa, 2000.

Habermas, Jürgen (1962) Historia y crítica de la opinión pública, México, Gustavo Gili, 2002.

Lilti, A. (2005). Le monde des salons: sociabilité et mondanité à Paris au XVIIIe siècle. Fayard.

 

TEXTOS PARA SESIÓN 3: FISIOGNÓMICA Y COSMÉTICA

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I. Fisiognomía

«El mundo material está lleno de analogías exactas con el inmaterial, y esto es lo que da un color de verdad al dogma retórico de que una metáfora o una comparación pueden fortalecer un argumento del mismo modo que embellece una descripción.»

E.A. Poe, La carta robada

 

«La fisiognomía, como su nombre indica, estudia las disposiciones naturales del temperamento, así como las adquiridas, en tanto en cuanto su aparición comporta una transformación de los rasgos objeto del examen fisiognómico. Primeramente me referiré a los elementos de los que se toman los rasgos y que son todos estos: el examen fisiognómico, en efecto, se lleva a cabo estudiando los movimientos, las posturas, los colores, los rasgos faciales, el cabello y su lisura, la voz, la carne, las partes del cuerpo y el aspecto de todo él.»

Pseudo-Aristóteles, Fisiognomia.

 

«He aquí, pues, las altas lecciones que otorga el Arte de conocer a los hombres. Pero cuando quisiéramos reducirlo a aquéllas que emplea, para descubrir las inclinaciones, las costumbres y los designios de otro, sería menester confesar, que es la guía más segura que se puede tomar para conducirse en la Vida Civil, y que aquél que quiera servirse de ella podrá evitar mil faltas y mil peligros, en los que está expuesto a caer a cada momento. No hay que dar más razones para persuadir de algo tan evidente, ya que no hay duda de que si este Arte puede realizar aquello que promete, no existen acciones en la vida en las que no sea necesario: la educación de los niños, la elección de los servidores, de los amigos, de las compañías, no pueden llevarse a cabo correctamente sin él. Muestra la ocasión y los momentos favorables en los que se debe actuar, o tomar la palabra; enseña la manera en que esto debe hacerse; y si hay que inspirar un consejo, una pasión, un proyecto, sabe todas las vías que pueden hacerlo entrar en el alma. En fin, si debemos seguir el consejo del sabio, que nos previene de hablar con un hombre colérico o con un envidioso, encontrarse en compañía de los malvados, ¿qué puede salvarnos de estos malos encuentros si no es el Arte del que hablamos? Ya que el conocimiento que podríamos obtener de los hombres es engañoso, si uno se fía demasiado de su reputación; y peligroso, si uno debe adquirirlo por la práctica. De tal manera que no hay sino ésta que promete mostrar lo que es sin fraude y sin riesgo.»[1]

Marin Cureau de Chambre,

L’Art de Connoistre les Hommes, 1660

 

«La Fisiognomía puede devenir una ciencia, del mismo modo que todo lo que lleva el nombre de ciencia. Como la Medicina, ya que forma parte de ella; ¿qué haría la medicina sin Semiótica, y la Semiótica sin la Fisiognomía? Igual que la Teología, ya que ella es el recurso de la Teología, ¿qué es, en efecto, lo que nos conduce a la Divinidad, si no el conocimiento del Hombre? ¿qué nos hace conocer al Hombre si no es su rostro y la forma? También como las Matemáticas, que depende de las leyes del cálculo en cuanto que mide y determina las curvas , las grandezas y sus relaciones, concidas y desconocidas. De manera similar, en fin a las Bellas Letras por cuanto está comprendida [entre ellas] puesto que desarrolla y determina la idea de lo bello y lo noble.»

C. Lavater, El arte de conocer a los hombres por la Fisionomía

 

«No es posible proporcionar un concepto universal de la fisionómica, puesto que descansa sobre meras sensaciones. Por ello tampoco puede ser participada ni resultar útil a otro, ya que carece de un fundamento seguro. Lavater ha recuperado esta disciplina instaurada por Baptiste Porta, quien comparó la figura humana con los animales. Sin embargo, se trata de un hombre que no logra traducir las intuiciones de sus observaciones a conceptos claros y distintos.»[2]

Kant, Antropología desde el punto de vista pragmático

 

II. Cosmética

 

«Yo os quiero confesar, don Juan, primero,

que ese blanco y color de doña Elvira

no tiene de ella más, si bien se mira,

que el haberle costado su dinero.

Pero, tras eso, confesaros quiero

que, es tanta la beldad de su mentira,

que en vano a competir con ella aspira

belleza igual en rostro verdadero.

Así ¿qué mucho que yo perdido ande

por un engaño tal, pues que sabemos

que nos engaña así Naturaleza?

Porque ese cielo azul que todos vemos,

ni es cielo, ni es azul: ¡lástima grande

que no sea verdad tanta belleza!»

Lupercio Leonardo de Argensola (1559-1613),

A una mujer que se afeitaba

 

«Emparentado con el kosmos griego, el kosmêtikos sugiere a la vez la idea de un ordenamiento, de una organización del mundo y la idea de su ornamento, de su valor estético.»

Catherine Lanoë, La poudre et le fard, 2008

 

«La cosmética, ignorante, es la ciencia del orden universal, la suprema moral que determina el mundo. No es culpa mía si los esteticistas han recuperado esta admirable palabra. Hubiera resultado anticosmético presentarme ante usted y plantearle de golpe y porrazo sus opciones. Tenía que hacérselo vivir a través de un vértigo sagrado.»

Amélie Nothomb, La cosmética del enemigo, 2007

 

«Puede darse ese nombre en general a la ciencia del Universo; comprende tres partes, la Cosmografía, la Cosmogonía y la Cosmología. Veamos estas palabras. Se puede dar también ese nombre en general a la ciencia de los ornamentos en cualquier género; la misma palabra griega, que significa mundo y orden, significa también ornamento (…)

La cosmética no es solamente el arte del embellecimiento del cuerpo, sino también el de combatir la fealdad, disminuir los defectos que pueden constituir un objeto de desagrado; de ocultar las imperfecciones, las irregularidades de nacimiento, por enfermedad o por la causa que sea. E incluso de prevenir esas imperfecciones. En todas las épocas se ha tenido como finalidad, y con razón, hacer a la naturaleza lo menos desagradable y lo más atrayente que fuera posible. Nos falta una obra de este género; y una obra tal, para estar bien hecha, demandaría un hombre muy hábil. Es necesario, sin embargo, distinguir esta parte de la Medicina, poco cultivada hasta hoy, de aquella que proporciona el maquillaje y que indica para el embellecimiento de la piel, las drogas que llamaremos Cosméticos.»

Caballero de Jaucourt, artículo «Cosmétique», Encyclopédie

 

«La toilette es la reunión de todos los polvos [poudres], de todas las esencias y todos los cosméticos [fards] adecuados para desnaturalizar una persona, y a hacer la vejez y la fealdad misma, joven y hermosa. Allí es donde se arreglan los defectos del talle, se da forma a las cejas, se recolocan los dientes, allí donde uno se hace un rostro, se cambia en fin de rostro y de piel.»

Louis Antoine Caraccioli, Dictionnaire critique, pittoresque et sentencieux propre à faire connaître les usages du siècle, ainsi que ses bizarreries, 1768.

 

 

«Por medio de estos finos polvos, [las mujeres] hacen tomar a sus epidermis la textura del mármol y quitan a su tez esa salud rojiza que es una vulgaridad en nuestra civilización, ya que supone la predominancia de los apetitos físicos sobre los instintos intelectuales. La forma se asemeja así a la estatuaria; se espiritualiza y se purifica. Puede incluso que un escalofrío de pudor arrastre a las mujeres a cubrir su cuello, sus hombros, pecho y brazos con este ligero velo de polvo blanco que atenúa la desnudez, privándola de los cálidos y provocativos colores de la vida.»

Teóphile Gautier, De la Mode

 

«Desdichado aquel que, como Luis XV, lleva su depravación hasta el extremo de no saber gozar más que de la simple naturaleza […] Se sabe que cuando Mme. Du Barry quería evitar recibir al rey, se cuidaba de poner sobre sus mejillas colorete. Este era signo suficiente. Ella cerraba de este modo la puerta. Era precisamente embelleciéndose como hacía huir a ese real discípulo de la naturaleza.»

Baudelaire, Éloge du maquillage

 

«Introducida en el mundo, a la edad en que, soltera todavía, estaba reducida por mi estado al silencio y a la inacción, he sabido aprovecharme de ambos para observar y reflexionar. Mientras que se me creía aturdida o distraída, yo, escuchando, a la verdad, muy poco los discursos que se me dirigían, ponía gran cuidado en oír los que se me quería ocultar.

Esta útil curiosidad, al tiempo que sirvió para instruirme, me enseñó además a disimular; obligada muchas veces a ocultar los objetos de mi atención a los ojos de los que me rodeaban, probé a guiar los míos según mi voluntad; entonces logré llegar a usar, según me conviene, de este modo de mirar distraído que ha loado vmd. a menudo. Animada con este primer triunfo, procuré reglar del mismo modo los distintos movimientos de mi semblante. Si tenía algún pesar, estudiaba el arte de darme un aire de serenidad, y aun de alegría, y he llevado mi celo hasta procurarme dolores voluntarios para estudiar durante ellos la expresión de placer. Me he violentado con igual esmero y más trabajo, para reprimir los síntomas de un gozo inesperado. Así he llegado a tomar sobre mi fisonomía este imperio, de que he visto a vmd. tan admirado algunas veces .

Era yo bien joven todavía, y ofrecía poco interés, mas era dueña de mis pensamientos, y me indignaba de que pudiesen quitármelos o sorprenderlos contra mi voluntad. Provista de estas nuevas armas, me divertía en presentarme bajo diversas formas […] Este trabajo hecho sobre mí misma, había fijado mi atención sobre la expresión de los semblantes y el carácter de las fisonomías… »

Choderlos de Laclos, Las amistades peligrosas, 1782

 

«La suerte de la señora de Merteuil parece en fin decidida, mi querida y digna amiga. Es tal que sus mayores enemigos están indecisos entre la indignación que merece y la compasión que excita. Bien tenía yo razón de decir que para ella sería, tal vez, una fortuna morir de las viruelas. Ha salido de ellas, es verdad, pero horriblemente desfigurada y particularmente ha perdido un ojo. Ya piensa vmd. que yo no la he visto, pero me dicen que realmente está hecha un monstruo.

El marqués… que no pierde ocasión de decir una sátira, decía ayer hablando de ella, que la enfermedad le ha vuelto lo de dentro afuera, y que ahora su alma está en su cara. Por desgracia todos encontraron la expresión muy justa»

Choderlos de Laclos, Las amistades peligrosas

Enlace: Adriana Varela, tango “Maquillaje”

Referencias bibliográficas 

Primarias

 MAZARIN, Jules, Breviario de los políticos (1684), Barcelona, Acantilado, 2007

LACLOS, Choderlos de, Las amistades peligrosas (1782), Barcelona, Tusquets, 2001.

CARACCIOLI, Louis Antoine, Dictionnaire critique, pittoresque et sentencieux propre à faire connaître les usages du siècle, ainsi que ses bizarreries, Lyon, B. Duplain, 1768.

JAUCOURT, Louis de. “Cosmétique”, en Diderot, Denis y Jean le Rond D’Alembert, Encyclópedie des arts et des métiers…1751-1765.

KANT, Anthropologie in pragmatischer Hinsicht, Vorländer [ed.cast. Roberto Rodríguez Aramayo (trad.) Barcelona, Tecnos, 2002].

LACLOS, Choderlos de, Las amistades peligrosas (1782), Barcelona, Tusquets, 2001.

BAUDELAIRE, Charles, “Éloge du maquillage” en El pintor de la vida moderna.

GAUTHIER, Théophile, De la mode, 1858.

LIÉBAULT, Jean, Trois livres de l’embellisement du corps humain, Paris, Jacques du Puys, 1582.

MAZARIN, Jules, Breviario de los políticos (1684), Barcelona, Acantilado, 2007.

PERNETY, Antoine Joseph, La conaissance de l’homme moral par celle de l’homme physique, Berlin, Decker, 1776-1777.

PSEUDO-ARISTÓTELES, Fisiognomía. Manzano, T. y Calvo Delcán, C. (trad.). Madrid: Gredos, 1999.

Abdeker moderne (1754) de le Camus Antoine

MEURDRAC, Marie de, La chimie caritable pour les dames.

 

Secundarias

EUGENIO PEREZ, Guillermo de, La cosmética como ordenamiento: identidad, mirada y peligro en Les liaisons dangereuses de Choderlos de Laclos, en Thélème. Revista Complutense de Estudios Franceses, vol.29, nº2, pp. 309-326.

 LANOË, Catherine, La poudre et le fard, Paris, Champ Vallon, 2008.

ANGELOGLOU, Maggie, A History of make-up, London, MacMillan, 1970,

COURTINE, Jean-Jacques y Haroche, Claudine, Histoire du visage: Exprimer et taire ses émotions (1988), Paris, Payot, 2007.

BAROJA, Julio Caro, Historia de la Fisiognómica, Madrid, Itsmo, 1988.

FOUCAULT, Michel, Las palabras y las cosas (1968), Madrid, Siglo XXI

ROUSSEAU Y EL PROBLEMA DE LA AUTENTICIDAD DEL YO

 ROUSSEAU Y EL PROBLEMA DE LA AUTENTICIDAD DEL YO

(Textos para sesión 2)

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«Es por el conflicto con una sociedad inaceptable por lo que la experiencia íntima adquiere su función privilegiada. Y hasta vemos que el dominio propio de la vida interior sólo se delimita por el fracaso de toda relación satisfactoria con la realidad exterior. Rousseau desea la comunicación y la transparencia de los corazones, pero su espera se ve frustrada, y, eligiendo el camino contrario acepta —y suscita— el obstáculo que le permite replegarse en la resignación pasiva y en la certeza de su inocencia.»

J.Starobinski, la Transparencia y el obstáculo.

 

«El hombre de mundo está entero en su máscara. Como casi nunca está solo consigo mismo, es un extraño para sí y no se halla a gusto cuando se ve forzado a entrar en su interior. Para este hombre lo que él es no es nada, lo que parece es todo.

(…)

Todos los niños tienen miedo a las máscaras. Empiezo por mostrar a Emilio una máscara de figura agradable; luego alguien se aplica en su presencia esa máscara sobre el rostro: yo me echo a reír, todo el mundo se ríe, y el niño se ríe con los demás. Poco a poco le acostumbro a las máscaras menos agradables, y por último a figuras horribles. Si he hecho con tiento mi gradación, lejos de asustarse ante la última máscara, se reirá de ella como de la primera. Después ya no temo que le asusten las máscaras.»

J.-J.Rousseau, Emilio.

 

«Yo sabía que se me presentaba a los ojos del público bajo un aspecto tan poco parecido al mío, y a veces tan disforme, que, a pesar de lo malo, de que no quería callarme nada, no podía menos de ganar aún, mostrándome tal cual soy. Por otra parte, como esto no era hacedero sin sacar a la luz también el modo real de ser de otras personas, y por consiguiente no pudiendo esta obra aparecer sino después de mi muerte y la de muchos otros, esto me animó a hacer mis Confesiones, de que jamás hubiera tenido que avergonzarme delante de nadie. Por tanto, determiné consagrar mis ocios a llevar a buen término esta empresa, y me puse a recoger las cartas y papeles que podrían guiar o despertar mi memoria, echando de menos en gran manera todo lo que había rasgado, quemado y perdido hasta entonces.

 

«Haría falta inventar un lenguaje tan nuevo como mi proyecto … lo haré como me venga, cambiaré sin escrúpulo mi humor, diré cada cosa como la siento, sans recherche, sans gêne … mi estilo, desigual y natural, a veces sabio y a veces loco, grave y alegre, será parte él mismo de mi historia.»

Rousseau, Confesiones

 

«Aquel único y breve tiempo de mi vida en que fui plenamente yo, sin mezcla y sin obstáculo, y en que verdaderamente puedo decir que he vivido.»

Rousseau, Ensoñaciones del paseante solitario

 

«Hasta entonces yo había sido bueno; desde aquel momento fui virtuoso, o a lo menos apasionado por la virtud. Esta pasión había empezado en mi cabeza, mas había pasado a mi corazón. El más noble orgullo germinó en los restos de la desarraigada vanidad. No simulé nada: fui efectivamente lo que parecí, y, lo menos por espacio de cuatro años que duró esta efervescencia, nada grande y bello es capaz de tomar asiento en el corazón humano, de que no fuese capaz el mío quedando entre el cielo y yo. He ahí de dónde nació mi súbita elocuencia, he ahí cómo se derramó en mis primeros libros este fuego celestial que me abrasa y de que no se había perdido la menor chispa durante cuarenta años, porque todavía no estaba encendido.

Yo estaba verdaderamente transformado; mis amigos y mis conocidos no me reconocían ya; no era éste aquel hombre tímido y más bien vergonzoso que modesto, que no se atrevía a presentarse, ni a hablar, a quien desconcertaba la menor chanza, a quien hacía sonrojar la mirada de una mujer. Audaz, valeroso, intrépido, llevaba a todas partes una seguridad tanto más firme en cuanto era sencilla y residía más en mi alma que en mi exterior. El desprecio que mis profundas meditaciones me habían inspirado por las costumbres, las máximas y las preocupaciones de mi siglo, me hacían insensible a la zumba de los que las tenían, y aplastaba sus agudezas con mis sentencias como aplastaría un insecto son mis dedos. ¡Qué cambio! Todo París repetía los acres y mordaces sarcasmos de ese hombre que, dos años antes y diez después, no ha sabido hallar lo que tenía que decir, ni la palabra que debía emplear. Búsquese la situación del mundo más contraria a mi carácter y se hallará la mía. Recuérdese uno de esos cortos instantes de mi vida en que dejaba de ser yo convirtiéndome en otro, por ejemplo, el momento de que hablo; mas en vez de durar seis días o seis semanas, aquél duró seis años y quizás duraría todavía, sin las circunstancias particulares que lo hicieron cesar y me volvieron a la naturaleza, por encima de la cual, había querido elevarme.

Este cambio comenzó tan luego como dejé París, y el espectáculo de los vicios de esta gran ciudad dejó de alimentar la indignación que me había inspirado. Cuando ya no vi a los hombres, dejé de despreciarlos […] Este estado más dulce, aunque menos sublime, amortiguó muy pronto el ardiente entusiasmo que me había arrebatado durante tanto tiempo; y sin ser notado, casi sin advertirlo yo mismo me volví miedoso, complaciente, tímido, en una palabra, el mismo Juan-Jacobo que había sido antes.»

Rousseau, Confesiones.

 

«Confieso que nada en el mundo me ha parecido tan agradable como su rostro, que yo miraba como una mascarada [masquerdade]. Su traje, con los bajos de color castaño, su pequeña peluca redonda, todo su traje y su actitud no ofrecían a mis ojos sino una escena cómica […] Pensaba que Préville era ingenioso y que, en su lugar, Rousseau no hubiera sido tan amable, porque mis risas lo habrían escandalizado…»

Condesa de Genlis, Memorias

 

«Todo el mundo hace a la vez lo mismo, en las mismas circunstancias; todo va por tiempos, como las maniobras en un campo de batalla: uno diría que son marionetas clavadas en la misma tarima o colgadas de un mismo hilo.»

«[La naturaleza es] tan bella que su contemplación inflama las almas de amor por un cuadro de tal belleza les inspira junto con el deseo de concurrir a tan bello espectáculo, el temor de turbar su harmonía, y de allí nace una exquisita sensibilidad que otorga a aquellos que están dotados de ella, de gozos inmediatos y desconocidos para los corazones que no se han visto encendidos por las mismas contemplaciones.»

Rousseau, Julia o la Nueva Eloísa

 

«… porque la presencia a sí mismo se ve acompañada por un sentimiento de expansión en el que, sin pedir nada a las cosas y sin ir realmente al encuentro del mundo, el éxtasis de la transparencia interior se transforma en éxtasis de la totalidad (…) la revelación ya no viene del yo, viene del ser.”

Starobinski, El ojo vivo

 

Fuentes primarias:

Rousseau: Emilio, Nueva Eloísa, Confesiones, Ensoñaciones del caminante solitario.

Marqués de Pelleport, Les Bohémiens.

Condesa de Genlis, Mémoires, Mercure de France.

 

Fuentes secundarias:

Arendt, H. (2002). La vida del espíritu. Paidos.

Calvino, I. (1993) Por qué leer los clásicos, Barcelona, Tusquets,

Starobinski, J., (1983). Jean-Jacques Rousseau: la transparencia y el obstáculo. Taurus Ediciones.

Starobinski, J., (2002), El ojo vivo, Cuatro.

Taylor, C. (2010). The Culture of Confession from Augustine to Foucault: A Genealogy of the’confessing Animal. Routledge.

 

 

Máscaras y autenticidad: metáforas de la identidad en la Ilustración

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Es para mí un gran placer presentar el seminario Máscaras y autenticidad: metáforas de la identidad en la Ilustración que tendrá lugar los jueves en la Universidad Complutense de Madrid (Facultad de Filosofía) a partir del próximo día 23 de Febrero. La asistencia es libre y gratuita, y estáis todos invitados a venir y a traer a quien queráis.

Utilizaremos este blog para ir adelantando información sobre los materiales que vamos a utilizar y como medio de comunicación para que podáis hacer las consultas y observaciones que queráis. De momento, os dejo la información básica sobre el seminario:

Responsable: Guillermo de Eugenio Pérez

Coordinadora académica: Nuria Sánchez Madrid

Departamento de Filosofía Teorética

Contacto: gui.deugenio@gmail.com

 

Información:

Como manual utilizaremos el libro Máscaras e identidad en la Cultura Ilustrada (Biblioteca Nueva, 2015).

El curso es gratuito y la asistencia libre, no se exige ningún requisito.

La evaluación se realizará mediante un sencillo examen al terminar el seminario.

Al final se impartirán certificados de asistencia (los de alumnos de la UCM con el sello de la Universidad y para aquellos que sean externos a la institución sin sello)

El curso se traduce en 2,5 créditos para quienes la tomen como libre elección y de 1,5 para quienes la tomen como asignatura optativa.

Resumen:

El seminario propone abordar el análisis de las formas de subjetividad durante la Ilustración (siglos XVII y XVIII) a partir del conjunto de teorías, discursos, normas, técnicas y prácticas propias de la cultura europea de ese tiempo. Para ello nos serviremos de textos filosóficos de especial relevancia para la cuestión, como los de Rousseau y Diderot, pero también ahondaremos en las nuevas formas emergentes de espacios sociales urbanos, las formas de control de la conducta, la apariencia y, en fin, la relación del sujeto consigo mismo y con los otros. El hilo conductor será la metáfora barroca del individuo como actor y el mundo como un gran teatro.

Las teorías de la formación del sujeto contemporáneo se encuentran delimitadas por un espacio intermedio entre la autopercepción subjetiva, y el conjunto de representaciones intersubjetivas mediadas por relaciones de poder. De ahí la importancia del concepto de autenticidad en la construcción de los distintos sistemas éticos y estéticos. Su contrapartida, que constituye el hilo conductor de esta propuesta, es la idea de las máscaras como metáfora vinculadas a la aparición del individuo en el espacio social. Este problema de la formación de la identidad entre lo social y lo individual será abordado desde el análisis de un conjunto de textos a partir de un marco teórico en el que se tienen en cuenta tanto los aspectos normativos como las prácticas y las representaciones. Este tipo de problemática se plantea como una tensión entre dos formas contrapuestas de concebir al ser humano. La primera responde a una ontología del sujeto en la que el cuerpo aparece como estructura estática y simbólica que remite a un significado interior. La segunda remite a una fenomenología y concibe a la persona como un lugar de transformaciones constantes con un enorme potencial creativo y adaptativo. Esta reflexión constituirá una exploración genealógica de los conceptos de autenticidad y artificio y de la forma en que éstos han modelado nuestra percepción de la identidad. Ello nos permitirá plantear una forma de abordar en términos de transformación problemas cuya vigencia resulta innegable poniendo a nuestra disposición herramientas y temas de carácter interdisciplinar, pero siempre desde una perspectiva eminentemente filosófica.

Sesiones:

El seminario se impartirá los jueves en la sala A-215 de la Faucultad de Filosofía de la UCM, de 16:30 a 19:00 h.

23 febrero — 1. Introducción: Máscaras como metáforas de la identidad

2 marzo     — 2. El problema de la autenticidad en Rousseau

9 marzo     — 3. Fisiognómica y cosmética: el arte de conocer a los hombres

16 marzo   — 4. La moda y los espacios de presentación en el Rococó.

23 marzo   — 5. Cortesía y disciplina: la metafísica del agrado

30 marzo   — 6. Sujetos imaginarios: la representación de la subjetividad en el arte y la literatura

6 abril           — 7. El teatro del mundo

20 abril       — 8. Tricksters y aventureros en el siglo XVIII

27 abril       — 9. Diderot o El sobrino de Rousseau

4 mayo       — 10. Conclusiones